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Amor y amabilidad en el conflicto. Cómo deshacer el nudo en las relaciones significativas de nuestra vida

Índice de contenidos

¿Cuál es el papel del conflicto en las relaciones humanas?

El conflicto es inherente a las relaciones humanas. Independientemente del nivel de compromiso o el nivel de intimidad. Independientemente de si se trata de la relación con nuestra pareja, con nuestras amistades o con nuestros colegas.

En el mejor de los casos, cuando las relaciones duran en el tiempo y se hacen más profundas, el conflicto aparece, fruto del choque de nuestras diferencias. Y esto puede parecernos que “está mal”. En nuestras sesiones, siempre explicamos que no todo se organiza con respecto al bien o el mal.

Dado nuestro bagaje cultural, tendemos a organizar lo que nos pasa como bueno (acuerdo) o malo (conflicto). Para poder llegar a nuestro argumento, utilizaremos la mitología nórdica como ejemplo:

En la mitología nórdica, de manera interesante, lo que ocurre no se organiza con respecto al bien o al mal, sino al orden o al caos. El orden sin caos es estancamiento; el caos sin orden es destrucción. En el orden, el caos trae divergencia y creatividad; siendo esta última una de las habilidades clave a la hora de resolver un conflicto.

Volviendo a nuestro análisis sobre el conflicto, parece interesante “abrazar” un poco de caos en nuestras relaciones, abriéndole la puerta al conflicto (y así, a la creatividad que nos haga crecer y trascender las dificultades que encontremos en el camino).

¿Quiere decir esto que está bien gritarnos, faltarnos al respeto y enemistarnos como manera de conectar? En absoluto.

En ocasiones, entendemos el conflicto como forma de comunicación violenta, agresiva o falta de empatía hacía las necesidades del otro. Y lo cierto es, que existe una clara diferencia entre lo que es el desacuerdo o conflicto; y lo que no lo es (y traspasa los límites del respeto).

¿Entonces, por qué nos cuesta superar ese nudo con los que queremos?

Entendiendo que el conflicto, per sé, no es negativo ni malo; y asumiendo nuestro compromiso como comunicadores respetuosos, ¿cómo superamos entonces ese nudo que nos separa de los que queremos?

El primer paso: ¿con quién te estás enfadando realmente?

En muchas ocasiones nos enfadamos con nuestra pareja porque no cumple con lo que se había comprometido. Se convierte en una discusión eterna, en la que nos reclamamos el uno al otro las expectativas que no se cumplen. Y en muchas ocasiones, las dos partes tienen razón, o razones para argumentar al menos. Por lo tanto, el primer punto sería entender que (por mucho que nos cueste) generalmente no hay una parte que tiene razón y otra que no.

Asumido esto, quizá seguimos sintiendo que nuestra pareja no cumple lo que le pedimos, y que, por lo tanto, sigue quedando esa necesidad sin satisfacer. Y quizá es algo que necesitamos en una relación de esa naturaleza. Esto también se aplica a las amistades o a otro tipo de relaciones significativas como las familiares o las relaciones de trabajo.

¿Qué sucede entonces? Nos enfadamos y entristecemos con el otro/a, por no cumplir nuestra expectativa/ necesidad. Damos ultimatums, pedimos, reclamamos y, a veces, reprochamos eso que no se cumple.

Esto nos lleva a plantear la siguiente pregunta: ¿con quién nos estamos enfadando realmente?

Si entendemos que cada uno de nosotros/as somos los responsables últimos de proporcionarnos aquello que necesitamos; y creemos que somos capaces de ejercer nuestra libertad y adultez para hacernos cargo de ello, de alguna forma, somos los responsables de decidir permanecer en una relación que no nos satisface.

Lejos de significar que, por ende, debemos dejar la relación inmediatamente (en algunos casos esto es aplicable), lo que esto quiere decir es que preferimos enfadarnos con el otro/a por no cumplir que enfadarnos con nosotros/sa por no irnos o reformular nuestras expectativas si, en general, la relación nos compensa. Comprometerse y hacerse cargo, en este sentido, es duro y contraintuitivo.

La amabilidad y el amor hacia uno mismo/a

¿Qué puede estar fallando entonces? ¿Por qué a veces nos sentimos enfadados con los demás cuando no paran de incumplir lo que les pedimos en el amor o en la amistad?

En muchas ocasiones, esta frustración tiene mucho que ver con la amabilidad y el amor que sentimos hacia nosotros mismos/as. Cultivar una mirada llena de amor y amabilidad hacia uno/a mismo/a es una tarea ardua, que tiene muchos beneficios.

¿Qué pasaría si comenzásemos a tratarnos con amabilidad? ¿Cómo nos sentiríamos si conectásemos con lo que necesitamos sin ponerle pegas, sin taparlo con algo más; simplemente observándolo?

Justo, esto es lo que logramos cuando comenzamos a conectar con nuestras necesidades desde la compasión (que no la autoindulgencia), permitiéndonos ser vulnerables y necesitar cariño, amabilidad y aceptación de nosotros/as mismos/as.

Y desde aquí, podemos hacernos cargo de nuestras necesidades, liberarnos de la dependencia emocional de culpar siempre al otro/a de nuestras necesidades no resueltas, y en muchos casos, llegar al conflicto desde un lugar de plenitud y autoconocimiento.

5 claves para empezar a aplicar la amabilidad como conexión en el conflicto

En el fascinante mundo de las relaciones humanas, el amor y la amabilidad desempeñan roles fundamentales que moldean la calidad de nuestras conexiones.

La amabilidad, actúa como el puente que nos conecta en el tejido de las relaciones sociales. Más que un gesto superficial, la amabilidad implica un compromiso consciente con el bienestar propio y de los demás. En el contexto de las interacciones diarias, desde pequeños actos de cortesía hasta expresiones significativas de apoyo, la amabilidad se erige como un catalizador que fortalece los lazos que nos unen a los demás.

Desde Bangardia destacamos la importancia de la amabilidad en la construcción de un entorno social saludable (en la pareja, la familia o cualquier relación significativa). La amabilidad no solo beneficia al receptor, sino que también influye positivamente en el bienestar emocional del que la práctica. Este enfoque recíproco crea un ciclo virtuoso que nutre y fortalece las relaciones a lo largo del tiempo.

Para poder cultivar el amor y la amabilidad como maneras de deshacer el nudo del conflicto, os proponemos las siguientes actividades:

  1. Autoexploración: Dedicar tiempo a conocernos a nosotros mismos/as, reconociendo nuestras necesidades y áreas de crecimiento. El amor propio y la autocompasión son el punto de partida para relaciones más profundas y significativas.
  2. Empatía Activa: Practica la escucha activa y busca comprender las perspectivas de los demás (para ello, recuerda no focalizarse en bien o mal). La empatía fortalece las conexiones al demostrar una atención genuina a las experiencias y emociones de los que nos rodean.
  3. Pequeños Actos de Amabilidad: Integra gestos simples de amabilidad y gratitud en tu rutina diaria. Un cumplido sincero, un gesto amable o una palabra de aliento pueden tener un impacto significativo en las personas que te rodean, pueden significar el mundo para alguien.
  4. Generosidad Espontánea: Cultiva la generosidad sin esperar nada a cambio. Compartir tu tiempo, habilidades o recursos con otros crea un sentido de comunidad y reciprocidad. Prueba a realizar un acto de generosidad anónimo, como ofrecer tu ayuda a alguien que pueda necesitarlo de manera sencilla.
  5. Resolución Constructiva de Conflictos: Aprende a manejar los desacuerdos con compasión y respeto. La resolución de conflictos basada en el amor y la amabilidad fortalece las relaciones en lugar de debilitarlas. Y para lograrlo, recuerda que el conflicto (siempre que no represente una situación de amenaza) es un síntoma del crecimiento. El problema no es el conflicto, son las faltas de respeto en una relación.

En resumen, el amor y la amabilidad son pilares esenciales en el complejo entramado de nuestras relaciones sociales. Al abrazar esta filosofía, podemos tejer una red de relaciones que nos nutran y contribuyan al florecimiento tanto individual como colectivo.

Estas estrategias no pretenden ser una fórmula mágica que resuelva cualquier problema, ya que a veces las soluciones pueden ser más complejas. Si encuentras dificultades a la hora de realizarlos, o consideras que necesitas apoyo especializado, no dudes en contactar a un profesional cómo nuestro equipo de psicólogas en Retiro (Madrid). Pedir ayuda siempre es una fortaleza.

IGUALDAD DE GÉNERO:

Siendo coherentes con el valor de la igualdad de género, todas las denominaciones que en el presente documento se refieren a personas y se efectúan en género masculino, cuando no hayan sido reemplazados por términos genéricos, se entenderán hechas indistintamente en género femenino, masculino o no binario, según el género de la persona que los desempeñe.

Artículo escrito por:

Como psicóloga, desempeño mi profesión dirigiéndome a diferentes áreas del bienestar de las personas y entidades con las que trabajo.